Nibiru

El Planeta X y el cinturón de Asteroides

Giran alrededor del Sol, entre las orbitas de los planetas Marte y Júpiter. Son miles y miles de fragmentos de piedra y metal, los hay de todos los tamaños imaginables. El más grande de ellos, es Ceres, con 1000 kilómetros de diámetro, el más pequeño puede llegar al tamaño diminuto de un grano de arena. Todos ellos forman parte del cinturón de asteroides.

Desde que los científicos descubrieron el cinturón de asteroides, muchos de ellos han tratado de dilucidar su origen, y otros se preguntan, si esa enorme cantidad de fragmentos podrían ser los restos de un mundo perdido, un planeta que según relatan muchas culturas antiguas estallo en el pasado remoto originando millones de fragmentos.

Pero mucho antes del descubrimiento del cinturón de asteroides, en el año 1766, el matemático alemán Johann Titius encontró una supuesta relación numérica entre la distancia de los planetas.

La enigmática sucesión de Titius

A finales del siglo XVI, Johannes Kepler (matemático y astrónomo alemán) formulo sus tres famosas leyes de movimiento planetario, las cuales mencionamos a continuación:

Primera ley de Kepler: Los planetas tienen movimientos elípticos alrededor del Sol, estando éste situado en uno de los 2 focos que contiene la elipse.

Segunda ley de Kepler: Las áreas barridas por los radios de los planetas son proporcionales al tiempo empleado por estos en recorrer el perímetro de dichas áreas.

Y por último la tercera ley de Kepler: El cuadrado de los períodos de la órbita de los planetas es proporcional al cubo de la distancia promedio al Sol. En palabras muchos más mundanas Kepler nos dice que hay una proporción entre las distancias de los planetas y su periodo de translación.

Si a su vez consideramos la unidad de distancia del planeta Tierra al Sol como 1 UA (Unidad Astronómica), la ecuación toma una forma más simple:

Tal es así que por ejemplo para Saturno, que tiene un Periodo de 29.5 años en su órbita alrededor del Sol, aplicando la tercera ley de Kepler se obtiene una distancia de 9.5 UA.

Por lo tanto, esta ley permitió calcular la distancia de los planetas hasta Saturno, debido a que Urano se descubrió después de 1781, y ni que mencionar Plutón que se descubrió aproximadamente 90 años atrás.

Con la información arrojada por la fórmula de la tercera ley de Kepler, muchos estudiosos de la época trataron de encontrar una relación numérica entre los planetas. La mayoría fracaso, pero Johann Titius, tuvo éxito.

Ley de Bode-Titius

La ley de Titius plantea lo siguiente:

Distancia del planeta al Sol (UA) = (4+n)/10

Donde n = 0, 3, 6, 12, 24, 48…, siendo n = 2(n-1) (dos veces el valor anterior) y a representa el semieje mayor de la órbita.

Fórmese la sucesión:

0, 3, 6, 12, 24, 48, 96, 192, 384…,

Según la formula se añade 4 a n: 4, 7, 10, 16, 28, 52, 100, 196, 388…

Divídase por 10 la sucesión anterior:

0,4; 0,7; 1,0; 1,6; 2,8; 5,2; 10,0; 19,6; 38,8 …

Si consideramos que la Tierra está a 10 unidades de distancia del Sol, la serie da, con mucha aproximación, la distancia entre los planetas y el Sol. Mercurio y Venus (los más próximos al Sol), están respectivamente a 4 y 7; Marte a 16, Júpiter a 52 y Saturno a 95.

Pero según la ley de Titius, algo falta allá afuera, un planeta entre Marte y Júpiter, que debería estar en el valor de 28UA, casi a la mitad de distancia entre los dos planetas.

La ley de Titius fue ignorada durante un tiempo hasta que el astrónomo también alemán Johann Elert Bode (1747-1826), la dio a conocer nuevamente en 1778. De manera maliciosa, Bode, que gozaba socialmente de buena reputación se “olvido” de mencionar el origen o creador de la ley, y todo el mundo creyó que la ley le pertenecía. Pero luego en años posteriores, muy a su pesar no le quedó más remedio que aceptar la procedencia de la ley. De hecho, Bode continuó citándola en sus escritos simplemente como “ley de Bode”, por lo que los eruditos de la época (e incluso hasta en la actualidad puede encontrarse en muchas publicaciones prestigiosas) la llamaban así, olvidándose por completo del auténtico creador.

Los vigilantes del cielo

A finales del siglo XVIII, más concretamente en el año 1796, científicos renombrados de la época se reunieron en un Congreso Astronómico Internacional en la ciudad de Lilienthal, al norte de Alemania, proponiendo lanzarse a la búsqueda del planeta faltante. Es así que, a partir del año 1800, comenzaron un plan que dieron en llamar “los vigilantes del cielo”.

Pero a veces en la vida, el factor suerte es más preponderante que el factor empeño. Y ello fue lo que le sucedió a Giuseppe Piazzi, quien el 1 de enero de 1801, llamo Ceres al nuevo “planeta”, era mucho más pequeño que los demás, tanto que resultaba invisible a simple vista.

Ceres
Ceres, visto por la sonda Dawn en mayo de 2015. Se aprecian los cráteres brillantes Haulani (derecha) y Oxo (centro-izquierda). NASA/JPL-Caltech/UCLA/MPS/DLR/IDA

En los años sucesivos, Olbers (1802 y 1807), Harding (1804) y más tarde Hencke (1845 y 1847) e Hind (1847) descubrirían otros cuerpos en esa posición, lo que evidenció que no había un sólo objeto, sino varios, que se denominaron asteroides.

Como por casualidad del destino, o por cumplimiento de la ley de Titius, la mayoría de ellos se encontraban a una distancia media de 27,7 U.A del Sol, fabulosamente cerca de lo que pronosticaba la ley de Titius.

Heinrich Olbers, llego a la conclusión de que solo podía existir una conclusión para que el sistema solar contuviera pequeños cuerpos celestes, en el lugar donde la ley había previsto la existencia de un planeta; el planeta existió, pero, en algún momento del pasado, había estallado en millones de pedazos, formando el cinturón de asteroides.

Pero el Sistema Solar y el poco conocimiento de la época, aún tenía reservado muchas sorpresas

El Sistema Solar tenía reservadas unas cuantas sorpresas. Cuando los astrónomos vieron que tanto Urano como los asteroides encajaban a la perfección dentro del esquema de la ley de Titius, pensaron que el siguiente planeta del Sistema se debería encontrar a la distancia de unas 38 U.A. Desafortunadamente, el 23 de septiembre de 1846, Johann Gottfried Galle (1812-1910) descubría a Neptuno y al conocer con seguridad su órbita se observó que el planeta estaba a 30,06 U.A. de media del Sol. Es decir, más de 1.300 millones de kilómetros más cercano a lo estimado en la ley de Titius.

Posteriormente, en febrero de 1930, el astrónomo Cylde Tombaugh (1906-1997) observaría un débil punto de luz y al asegurarse de su movimiento entre las estrellas, lo que delataba que estaba más cercano que ellas, calculó la distancia. Paradójicamente, no estaba a 77,2 U.A. predicha por la ley de Titius, sino tan sólo a 39,44 U.A. O sea, que aproximadamente, Plutón estaba en el lugar que le correspondía a Neptuno.

Desviacion_ley_Titius

Figura: en el gráfico vemos la comparación entre el valor real (línea verde) de la distancia de los planetas al Sol y el valor predicho por la ley de Titius (línea gris). Para la mayoría de los casos los dos valores coinciden y sólo en Neptuno y Plutón hay una sobreestimación grande. Curiosamente, la distancia de Neptuno sería la correspondiente para Plutón.

De donde proviene el cinturón de asteroides

Es verdad, que los científicos han encontrado gran cantidad de fragmentos, en donde la ley de Titius predecía la existencia de un planeta.

Pero las pregunta más que evidentes son: ¿Era correcta la teoría de Titius?¿Son los asteroides restos de un planeta que exploto?¿O simplemente son pequeños restos de un planeta que nunca se formó?

La controversia sobre este punto aún no ha terminado. Algunos astrónomos opinan que el cinturón de asteroides deben ser los restos de un planeta parecido a la Tierra que habría sufrido una catástrofe de inmensas dimensiones. Otros científicos plantean que el supuesto planeta habría chocado con un satélite de Júpiter, o que algún otro objeto errante se hubiera estrellado contra él. Otros simplemente opinan que el cinturón de asteroides es como un gran reservorio de residuo rocoso que por la fuerza gravitacional de los planetas ocasiono su agrupación en dicho lugar.

Las cosas no siempre fueron como ahora

Las interpretaciones de los textos sumerios por Zecharia Sitchin (1920 –2010), incluyendo el “Emuna Elish”, denominado en español “La Epopeya de la Creación”, narra precisamente, según la interpretación de Sitchin, la historia de los cambios producidos en nuestros Sistema Solar.

Según lo Sumerios, Tiamat era el quinto planeta del sistema Solar, y se encontraba ubicado entre Marte y Jupiter. Tiamat sufrió una desbastadora colisión con Nibiru, un planeta errante, atraído por la fuerza de gravedad de nuestro Sol. El resultado de dicha colisión, produjo la ruptura de Tiamat, fragmentándolo de manera que la mitad superior salió lanzada en dirección al Sol, cambiando su posición al tercer lugar desde el Sol y dando origen a lo que llamamos Planeta Tierra; el resto de Tiamat formo lo que denominamos cinturón de asteroides.

Asimismo, observaciones y teorías científicas actuales parecen ratificar los manifestado en estos códices antiguos, Tom Van Flandern, un especialista en mecánica celeste en el Observatorio Naval de EE. UU, sugiere que la gran grieta de Marte podría ser el lugar de impacto de una antigua luna, las lunas de Neptuno muestran evidencia de alteración violenta, Mercurio era originalmente una luna de Venus , Marte tuvo alguna vez muchas más lunas, y Plutón y Caronte son lunas escapadas de Neptuno.

Reflexión Final

Sin lugar a dudas más avanzan los astrónomos en el estudio del espacio cercano la pregunta de si conocemos realmente nuestro sistema solar toma más protagonismo.

La formación del cinturón de asteroides es un tema controvertido para los estudiosos, y en la actualidad los científicos distan de lograr un acuerdo.

Es evidente que nuestro sistema solar no siempre fue como lo conocemos en la actualidad. ¿y porque debería ser así? ¿Acaso los sistemas no cambian en el tiempo?

Nuestro Sol evoluciona hacia su madurez, proceso que conlleva millones de años. Seguramente en el comienzo del sistema solar, las orbitas planetarias no se encontraban “ordenadas” como ahora y al sistema le llevo varios millones de años encontrar su punto de equilibrio.

¿Pero este es un punto de equilibrio? ¿o solamente es un momento de existencia? Con la percepción de tiempo que manejamos los humanos, lo que para nuestras mentes es un lapso de tiempo importante para nuestro sistema solar solamente es un instante.

Por ejemplo, uno de los insectos más irritantes a mi criterio, es la mosca, su vida transcurre efímeramente para nuestra noción de tiempo, solo viven unos 30 días.

Para lo que nosotros es una fracción de segundo, para la mosca es un movimiento en cámara lenta de nuestra mano.

Quizás lo mismo ocurra con nuestro sistema solar, y solamente en estos millones de años solamente realizo un movimiento de mano.

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inexplicado

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